Amaru Tribe: cumbia oceánica navegando entre dos mundos

Por: JC Hidalgo (Articulo publicado en La Banda Elástica) En Amaru Tribe suenan charangos, el flow del hip-hop latino y un canto que nos hacer acordar de los pueblos indígenas de América del sur.

Esta experiencia comienza dejando correr “La tormenta”, la primera canción del álbum que nos ocupa… suenan entonces unos sintetizadores que crean ambiente y dan textura, luego viene una secuencia rítmica de origen africano que precede a la llegada de unas flautas andinas que conviven con el sonido del didgeridoo, un instrumento aborigen. Estamos ya en el reino de Amaru Tribe, una banda radicada, nada menos que en Australia.

Han puesto en su nombre una palabra de origen quechua que remite a una serpiente de dos cabezas que pertenece a la mitología inca y que conecta al plano metafísico con el terrenal; se trata de un elemento simbólico que nos habla de la dualidad, como muchas otras cosas alrededor de una agrupación que se sabe Between Two Words, como fue que titularon a su segundo álbum.

Amaru Tribe está conformado, en su núcleo, por tres músicos que igualmente encarnan la dicotomía de moverse entre dos culturas; Óscar Jiménez es cantante, compositor y productor y Katherine Gailer aporta la voz principal y también compone (ella además es muralista); ambos tienen sus orígenes en Colombia, pero pertenecen a una familia de migrantes. Por su parte, el percusionista Cristian Saavedra tiene sus raíces en Chile.

Ellos pertenecen a una generación que creció siguiendo atentamente lo que hacía Richar Blair, quien encabezara el proyecto Sidestepper, crucial a la hora de entrever la fusión de ritmos latinos y electrónica; pero también fueron testigos del estallido de Bomba Estéreo por el mundo y aprovecharon sus hallazgos.

Se dedicaron a estudiar y asimilar elementos del folklore australiano para conformar su propia personalidad sonora y para ello también sabían que podían tirar del acervo africano o bien de los sonidos de Asia y de la India, tan es así que en “Párate” aparecen los ritmos bhangra de la región del Punjab.

Pero con Amaru Tribe las mezclas no paran y ellos -como buenos colombianos- sabían que podían combinar uno de los ritmos de mayor fama en tierras cafetaleras con referencias locales y así es como surgen canciones como “Candela Viva”, que explica que hayan llamado a lo que hacen cumbia oceánica, que es un término que denota total amplitud de miras. Aquí hay menciones al Pacífico, a Cartagena y al acordeón, para lograr lo que ellos cantan como un sonido inmigrante.

El grupo se suelta a rapear y a alternar letras en español e inglés, pero todavía puede ir más allá… en “Déjame volar” convocan al grupo tailandés Junlaholaan, que no sólo aporta su música sino también fragmentos cantados en su idioma -¡vaya mezcla exótica y sabrosa!-.

En Amaru Tribe suenan charangos, el flow del hip-hop latino y un canto que nos hacer acordar de los pueblos indígenas de América del sur junto a cajas de ritmo y secuencia programadas, de allí que fueran llamados para presentarse en festivales como Womadelaide, Bluesfest, Queenscliff, además de girar por Taiwán, Tailandia, Estados Unidos y su añorada Colombia. En 2020 fueron nominados a los Premios Victoria para el mejor acto multicultural.

Between Two Words es un disco muy vasto, aun cuando lo conforman apenas 8 canciones, que nos dejan con ansiedad de escuchar más, dado que en esa intersección de culturas en la que se mueven la parte electrónica obtiene un balance perfecto al respecto de la exuberancia étnica y que fluye en piezas como “La serpiente” y “Se prendió”, cuya línea vocal proviene de la más pura cumbia colombiana y tiene ese registro agudo característico, para luego hacer lugar a un rapeo bien caliente primero en español y luego en inglés.

El cierre baja el ritmo, pues más bien alude a la celebración de un ritual; “Canto a Bachué”, alude a una ancestral deidad que es considerada como “La madre de la humanidad” por el pueblo Muisca.

Mucho se ha hablado que la cumbia es la verdadera expresión musical del continente americano, pues encontramos variantes de ella desde Alaska hasta la Patagonia; lleva años haciéndose también de un lugar en Europa, pero ahora, a través del carnaval sonoro, que han montado Amaru Tribe también se expande por Oceanía y desde allí hasta el resto del planeta.



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